martes, 12 de marzo de 2013

Eternos clásicos de Champions

Fue un 18 de Mayo de 1994. En un lugar idóneo para la ocasión (Atenas, la Grecia Clásica y Eterna)  se vieron las caras los dos mejores equipos que había sobre el planeta. Por un lado el "Dream Team" con sus cuatro Ligas consecutivas y la gloriosa primera Champions lograda dos años antes gracias a un juego espectacular, Cruyff en estado puro. Enfrente el Milan de Fabio Capello, una continuación del de su antecesor, Arrigo Sacchi, que recaló en la selección italiana después de ganar un Scudetto y dos Copas de Europa en cuatro años en el conjunto rossonero, que innovó un sistema de juego ultraofensivo y ganador. Un Milan, en definitiva, que se había acostumbrado a ganar pero que también había dejado a sus viejas estrellas (Van Basten, Gullit y Rijkaard) en el camino.

¿Por qué hablo de esto? Porque hoy se vuelven a ver las caras los mismo equipos, un Milan rejuvenecido y un Barça venido a menos, con un juego calamitoso en los últimos encuentros y una falta de ambición impropia de jugadores de la talla de Messi, Cesc o Busquets. El Barça del 94 ganó la Liga en la última jornada gracias a aquella parada de González a Djukic en el nacimiento del Superdepor. Este año el equipo de Tito, si no fuera porque Mourinho tiró la temporada en Navidades, tendría muchas opciones de perderlo todo como en su día perdió el Madrid de Queiroz.

¿Pesimismo? No. Más bien diría desencanto, decepción, asombro ante lo que últimamente el juego del que ha sido el mejor equipo del mundo durante cinco años nos depara a todos los aficionados al buen fútbol. En un tiempo hasta aquí me he dado cuenta de la diferencia entre valorar el espectáculo que nos ofrece este deporte y ser un forofo que lleva una venda tan ridícula con la que sólo apoya fervientemente a sus equipos despreciando el buen juego de los demás. Critico al Barça con dureza porque me parece una vergüenza ver a esos jugadores que lo han ganado todo y me han puesto de pie tantas veces andando por el terreno de juego como si no fuera con ellos el sentir de una afición.

Celebré el sextete como si fuera mio igual que el otro día aplaudí a rabiar el golazo de Modric en Old Trafford. Hay que darse cuenta que el fútbol, como tantas cosas en esta vida, es un pasatiempo, un ocio, solamente un juego del que su trascendencia nos debe hacer muy felices siempre, gane o pierda nuestro equipo, porque se puede disfrutar de lo bien que jugó el otro.

Mañana el equipo de Allegri puede poner punto y final a la andadura del Barça en Champions y quien sabe si final a este lustro de éxitos continuados. Espero y deseo que no, que Iniesta contagie sus ganas de ganar siempre a los otros diez que jueguen y Messi deje otra noche para la historia de este deporte. El conjunto transalpino jugó genial en la ida, encerrandose atrás y tocando con mucho criterio cuando salía a la contra. El Camp Nou ha visto como Inter y Chelsea se encerraban y lograban el pase, no me importaría ver lo primero si no consiguen lo segundo.



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